00 David Hernández de la Fuente

    Cicatrices. Esta ciudad está surcada de ellas de cabo a rabo. El viajero reparará en la topografía insólita de una ciudad mutilada en diversas escalas. Se complacerá en recorrer una a una sus heridas antiguas y recientes, en pasar el dedo por los agujeros de baja, por las llagas de los dolientes sillares. Tal es el tejido urbano, surcado por un sinfín de arterias oxidadas que cortan las zonas habitables con una precisión ya carente de sentido. Hay entre los paisajes de hombres, negocios y comercios unas vastas extensiones de yermos industriales, vías de tren marchitas y naturaleza muerta que sobrecogen el corazón del turista residente. Al tiempo de convivir con estas marcas indelebles de dolor y locura, uno se va haciendo a la idea de que Berlín es más que nada un estado de ánimo, como habían pensado desde antaño muchos vecinos del exterior de la circunvalación ferroviaria.
    Quien sabe si esas heridas atroces en el rostro de la ciudad quieren decirle al viajero algo más profundo sobre la condición humana, si tal vez se deben a su historia bélica y espiritual, si son signos de Dios o del demonio, de los negros bosques teutones que atenazaron a las legiones romanas, de las sombrías alas del águila prusiana extendidas por el este de Europa, del esqueleto de metal de las SS o de la glorificación comunista de la chimenea y el acero.
    Pero no es el propósito de esta novela perder el tiempo en consideraciones histórico-culturales, ni mucho menos permitirse ninguna veleidad filosófica. Habrá que limitarse a indagar, para el interés del lector, del viajero inmóvil, si acaso este paisaje emocional de cicatrices desiertas y fabriles se debe a un pecado original inconfesable o si más bien es rasgo distintivo de esta ciudad frente a todos los otros lugares del mundo. Pues en ninguna otra parte se dan, como aquí, esas zonas abandonadas e impensables, gélidas y crueles, que habitan entre nosotros, junto a las casas tibias de los humanos, recordándonos tantas cosas que quizá habíamos olvidado.
    Como un memento mori, incluso en los barrios céntricos la ciudad está tajada de forma inmisericorde por rosarios de trenes, herida de chimeneas y tejido industrial de humo y metalurgia extinta que la atraviesan de este a oeste y de norte a sur, formando una cruz de apariencia en principio piadosa, pero que el círculo dantesco que forma el S-Bahn encierra convirtiéndola en muestra de paganismo primordial. Es un recordatorio perenne de lo que somos, una metáfora de la parte desierta del corazón humano, Berlín, del cáncer que, como sabemos, nos puede devorar el alma desde dentro.

PUBLICATION
isbn 9783981476804 | 80 pages | edition of 500 | release 03-10-2011

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